En los tiempos que corren es dificil aspirar a trabajar al lado de tu casa, cualquiera que tenga esto puede considerarse afortunado y debe cuidarlo como oro en paño. Hay que estar dispuesto a cambiar de residencia y si sabes idiomas incluso cambiar de pais.
Pero una cosa es decirlo y otra hacerlo. En este momento estoy inscrito en ofertas de trabajo en Gijón, Madrid, Lugo, Barcelona, Guadalajara, etc, y me he planteado seriamente que sentiría si llegara el momento de hacer las maletas.
En este momento los naranjos están en flor y el azahar inunda de aroma los campos y los pueblos de mi tierra, así que es el mejor momento de pensar en cómo debe ser la vida sin esta maravilla.
A mi, en el fondo, no me supondría mayor problema porque hace ya tiempo que me he mentalizado y he decidido afrontarlo positivamente, haciendo que sea un balance entre lo que pierdes y lo que ganas. En mi cuenta particular, creo que ganaría más que perdería: estabilidad económica, profesional, familiar...son cosas muy importantes como para dejarlas correr por un paisaje y unas costumbres. Al final, cualquier lugar tiene cosas lo suficientemente atractivas como para enamorarte y hacerte olvidar.
Me fijo mucho en los inmigrantes y veo que aunque echan de menos su tierra, no se les ve tristes después de un periodo de adaptación, creo que mientras la cuenta salga a favor, el cambio es positivo.
Está claro que en la vida los cambios pueden ser positivos o negativos en función de cómo los interpretemos y el provecho que les saquemos, así que hay que afrontar un cambio de residencia como algo positivo que te permitirá conocer nuevas gentes, costumbres y paisajes.
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