martes, 24 de agosto de 2010

Melilla

La verdad es que nunca en mi vida me hubiera imaginado que alguna vez iba a tener la ocasion de sentirme extranjero en ningún sitio, y además tanto como aquí. Quizás por esto me sube la vena patriota, como a casi todos los que estamos aquí para estar temporadas. Todo el mundo te suele comentar el hecho de que seas español, siempre de buen rollo pero te lo ponen delante hasta cuando ni lo estás teniendo en cuenta para nada.

Allí en la Península es diferente, muy diferente. La verdad, hace dos años me habla alguien de Melilla y para mi era casi el fin del mundo, África, militares, calor, moros, cristianos, mezcla en definitiva. Desde hoy es mi segunda casa, mi pais, mi refugio y mi sitio donde perderme, en este mundo incomprensible y cerril.

Melilla suena a miel y aún más en béreber: Me li li a. Y lo es. Para mi hoy lo ha sido, he disfrutado cada momento desde que he pasado la frontera de Beni Enzar, incluso ese momento. Nunca me había alegrado tanto de ver a la Policía Nacional, qué guapas ellas. A partir de ahí todo rodao: bocata de serrano con tomaca, olivas, birra y cafe tocao de anis. Che, la gloria. Acto seguido a la Tocinería Valenciana para pillar hallufo (cerdo) por un tubo, morcillas, chorizos, jamón, salchichón, etc. (en llegar a le bureau le hemos dao aire como toca). Al salir y de camino a la frontera, un pedazo de Gintonic y charreta con los parroquianos del bar, algunos musulmanes. Paseo hasta la frontera y hala, el túnel de tiempo one more time.

Porque Melilla es España, me alegro de poder decirlo. Es diferente a esto, estando allí esto me parecía un sueño, algo lejanísimo. Y ahora estando aquí, aquello me parece haberlo soñado, pero me algro de haber tenido ese sueño. He vuelto a España durante dos horas y me ha sentado muy bien. He podido comprobar que las calles están limpias, los cristales transparentan, y las mesas de los bares están limpias. Además los camareros te hablan y son mucho mejores.

Y las mujeres son más hermosas y huelen bien, no llevan batines por la calle y lucen una piel estupenda. Los escaparates están puestos con gusto y la gente por la calle se nota que están haciendo algo, además de ser muy amables si les preguntas, sin tanta ceremonia del aserejé.

Las aceras están enteras y da gusto pasear por ellas sin miedo de caer en un agujero insondable, los bordillos son todos iguales y no cada uno de su padre y madre, el asfaltado es regular y aunque tiene baches, no se acaba de repente. En fin, que por algo Beni Enzar es la frontera con mayor diferencia de calidad de vida del mundo.

Y por lo que a los melillenses respecta, por muchos años.
Amén

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